Especialistas en salud mental alertan sobre las consecuencias que puede tener el uso problemático de las redes sociales y las pantallas en adolescentes argentinos. Según explican, la exposición constante a contenidos digitales y la búsqueda permanente de estímulos asociados a la dopamina pueden favorecer conductas adictivas, afectar la concentración y alterar el bienestar emocional.
El uso intensivo de la tecnología y las redes sociales entre adolescentes genera una creciente preocupación entre especialistas en salud mental. De acuerdo con el informe «Kids Online Argentina 2025», elaborado por UNICEF y UNESCO, casi la mitad de los chicos de entre 9 y 17 años experimentó algún inconveniente relacionado con el uso de internet, teléfonos celulares o videojuegos. Los expertos advierten que el entorno digital está modificando la forma en que los jóvenes se relacionan, aprenden y gestionan sus emociones.
El psicólogo Alexis Alderete, especialista en trastornos de ansiedad, sostuvo que el cerebro humano aún no está preparado para procesar la enorme cantidad de estímulos que ofrece el mundo digital. En ese sentido, explicó que el problema no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino por el impacto que ese hábito tiene en la vida cotidiana. Según indicó, cada vez es más frecuente encontrar adolescentes con dificultades para mantener el contacto visual, prestar atención o desenvolverse en situaciones sociales simples, como realizar una compra de manera presencial.
El especialista también alertó sobre los efectos que generan las redes sociales en la construcción de la identidad de los jóvenes. Explicó que los «me gusta», los comentarios y las interacciones activan mecanismos de recompensa en el cerebro a través de la liberación de dopamina, lo que puede fomentar una dependencia emocional de la aprobación virtual. Además, señaló que el anonimato y la falta de contacto cara a cara favorecen la agresividad, el discurso de odio y el ciberacoso, al disminuir la empatía y la percepción de las consecuencias que tienen las propias acciones sobre los demás.
En cuanto a la prevención, Alderete recomendó que las familias prioricen el diálogo y establezcan pautas claras para el uso responsable de los dispositivos, en lugar de recurrir únicamente a prohibiciones repentinas. También señaló que cambios de conducta, aislamiento, abandono de actividades habituales, alteraciones en el sueño, la alimentación o síntomas de ansiedad pueden ser señales de alerta que requieren atención. Finalmente, advirtió que la salud mental será uno de los principales desafíos de los próximos años, en un contexto donde existe una mayor conexión digital, pero un creciente distanciamiento en los vínculos humanos.







