Además, cada año se incorporan entre 7.000 y 8.000 nuevos pacientes que necesitan tratamiento de diálisis en el país, mientras que se calcula que una de cada diez personas en Argentina padece enfermedad renal crónica, muchas veces sin saberlo en sus primeras etapas.
La enfermedad renal crónica afecta a una parte importante de la población adulta en Argentina y se estima que alrededor del 12% de las personas convive con esta patología. Actualmente, cerca de 30.000 pacientes realizan tratamientos de diálisis crónica en el país y cada año se suman entre 7.000 y 8.000 nuevos casos. A pesar de la magnitud del problema, Argentina mantiene una cobertura casi universal tanto para diálisis como para trasplantes renales, con entre 1.500 y 2.000 trasplantes realizados anualmente.
Sin embargo, especialistas advierten que el número de personas que ingresan a diálisis sigue siendo mayor que el de quienes logran acceder a un trasplante. Frente a esta realidad, se desarrollará en Alta Gracia, Córdoba, la Segunda Jornada Nacional de Calidad de Diálisis, un encuentro que reunirá a profesionales, prestadores, autoridades sanitarias y referentes del sistema de salud para debatir sobre la calidad de atención en los tratamientos renales.
El director médico de ATERYM Alta Gracia, Sergio Boni, explicó que el objetivo del encuentro es instalar el debate sobre la calidad en diálisis de manera sostenida y concreta. Señaló que, aunque el acceso a los tratamientos mejoró considerablemente en las últimas décadas gracias a los avances tecnológicos y la ampliación de la cobertura, todavía existen diferencias importantes entre los distintos centros de atención del país. Según indicó, algunos establecimientos alcanzan estándares internacionales, mientras que otros presentan importantes dificultades en procesos, gestión y resultados.
Los especialistas remarcaron que el gran desafío actual ya no pasa solamente por garantizar el acceso a la diálisis, sino por mejorar la calidad del tratamiento que reciben los pacientes. En ese sentido, destacaron la necesidad de establecer criterios comunes, sistemas de evaluación y herramientas de gestión que permitan optimizar la atención y ofrecer mejores resultados. También señalaron que avanzar hacia un sistema más eficiente y homogéneo será clave para mejorar la calidad de vida de quienes padecen enfermedad renal crónica.







