En el Día Mundial del Alzheimer, especialistas destacan la importancia de mantener el cerebro activo mediante el aprendizaje, la actividad física, los vínculos sociales y nuevas experiencias. La reserva cognitiva puede ayudar a compensar determinados cambios cerebrales y retrasar la aparición de síntomas, aunque no evita ni cura las enfermedades neurodegenerativas.
En Argentina, se estima que más de 500 mil personas viven con Alzheimer, la forma más frecuente de demencia. La enfermedad no afecta únicamente la memoria, sino también la autonomía, la comunicación y las actividades cotidianas. En este contexto, la reserva cognitiva refiere a la capacidad del cerebro para adaptarse y utilizar diferentes recursos frente a los cambios asociados al envejecimiento o a enfermedades neurodegenerativas.
La reserva cognitiva se construye durante toda la vida a partir de experiencias como la educación, el trabajo, el aprendizaje, la actividad física y la interacción social. Por eso, mantener una vida activa y afrontar desafíos nuevos puede favorecer mecanismos de compensación. La especialista Wanda Rubinstein señaló que generar nuevas experiencias cognitivas impulsa al cerebro a utilizar conexiones diferentes y remarcó que existe capacidad para generar nuevas neuronas incluso en edades avanzadas.
Cuando ya existe un diagnóstico de deterioro cognitivo, la estimulación también puede mantenerse, aunque debe adaptarse a las posibilidades y preferencias de cada persona. Especialistas señalan que conversar, escuchar música, caminar, pintar, elegir la ropa o participar en tareas cotidianas pueden ser actividades significativas. El objetivo no es únicamente ejercitar la memoria, sino preservar la participación, la autonomía posible, los vínculos y el sentido de las actividades diarias.







