Los especialistas recomiendan observar la frecuencia, la evolución y el impacto de los problemas de memoria en la vida cotidiana para determinar cuándo es necesario realizar una consulta médica.
Olvidar dónde se dejaron las llaves, tardar en recordar una palabra o entrar a una habitación sin recordar qué se iba a buscar son situaciones que pueden ocurrir ocasionalmente y aumentar con el paso de los años. Sin embargo, no todas las fallas de memoria deben considerarse parte normal del envejecimiento.
La principal señal de atención es un cambio respecto del funcionamiento habitual de la persona. Repetir preguntas constantemente, presentar dificultades para realizar tareas conocidas, desorientarse o perder autonomía son situaciones que justifican una consulta médica. Los especialistas remarcan que la demencia no constituye una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Entre los olvidos que pueden ser ocasionales se encuentran perder objetos, olvidar un nombre y recordarlo después o confundirse alguna vez con el día de la semana. En cambio, repetir preguntas sobre información reciente, perderse en lugares conocidos, tener dificultades reiteradas para expresarse o no poder realizar actividades cotidianas que antes resultaban sencillas son señales que requieren mayor atención.
La pérdida de memoria tampoco implica necesariamente Alzheimer. El estrés, la depresión, los trastornos del sueño, algunos medicamentos y diferentes problemas de salud pueden afectar la memoria y la concentración, por lo que una evaluación profesional permite identificar las posibles causas. Para cuidar la salud cerebral, también se recomienda realizar actividad física, mantener vínculos sociales y actividad cognitiva, evitar el tabaco y el consumo perjudicial de alcohol y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia.







