La incorporación de nuevas tecnologías permite analizar grandes volúmenes de información y detectar posibles señales de seguridad que requieren una investigación más profunda. La farmacovigilancia se convirtió en una herramienta fundamental para evaluar de manera continua la seguridad de los medicamentos una vez que son aprobados y llegan al mercado.
Este proceso permite recopilar y analizar información sobre posibles efectos adversos y actualizar las recomendaciones a medida que aparece nueva evidencia. En este marco, la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe) abordará el impacto de la innovación tecnológica en una jornada dedicada a la seguridad de los medicamentos.
El volumen de información disponible creció de manera significativa: VigiBase, la base mundial de reportes de seguridad de medicamentos y vacunas del Programa Internacional de Farmacovigilancia, ya reúne más de 40 millones de notificaciones provenientes de más de 180 países. El análisis conjunto de estos datos permite identificar patrones y posibles señales que pueden resultar difíciles de detectar a partir de casos aislados, aunque una notificación no confirma por sí misma que un medicamento haya provocado determinado evento.
En este escenario, la inteligencia artificial ofrece nuevas herramientas para procesar grandes cantidades de información procedente de distintas fuentes. Autoridades regulatorias de Estados Unidos y Europa establecieron principios para orientar el uso de IA durante el ciclo de vida de los medicamentos, con criterios vinculados a la calidad de los datos, la documentación, el desempeño y la gestión de riesgos. En Argentina, la farmacovigilancia se desarrolla a través del sistema nacional coordinado por la ANMAT, con participación de autoridades sanitarias, profesionales, pacientes e industria farmacéutica.







