Franco Vitali, un argentino de 25 años, combina su carrera científica con una inesperada pasión por el baile y los videojuegos. Es licenciado en Biotecnología, becario doctoral del CONICET y docente, pero también logró convertirse en campeón mundial de Just Dance tras imponerse en la categoría Phygital Dancing de los Games of the Future 2026, disputados en Astana, Kazajistán.
Vitali se graduó en la Universidad Nacional de Hurlingham y actualmente realiza un doctorado en Ciencias Biológicas. Su vínculo con Just Dance comenzó cuando tenía apenas nueve años, cuando todavía no sabía bailar y tampoco tenía un desempeño destacado en el videojuego. A fuerza de práctica y entrenamiento fue perfeccionando sus movimientos hasta transformar aquella actividad recreativa en una disciplina competitiva. A lo largo de los años participó en unas 160 competencias y consiguió entre 60 y 70 victorias en torneos amistosos. En 2025 ya había competido en los Games of the Future de Emiratos Árabes Unidos, aunque quedó eliminado ante otro argentino que luego terminó tercero.
Para llegar en mejores condiciones a la competencia de este año, el joven incrementó considerablemente sus horas de entrenamiento. Habitualmente dedicaba entre dos y tres horas diarias a practicar, aunque en algunas jornadas llegó a entrenar hasta cinco horas. Su preparación incluyó no solo la repetición de las coreografías, sino también el análisis de los movimientos que podían generar una mayor diferencia en los puntajes y el trabajo sobre la consistencia necesaria para repetir sus mejores actuaciones. En Kazajistán consiguió avanzar hasta la final de Phygital Dancing, donde derrotó a la francesa Lina y obtuvo el título mundial. El torneo repartió un premio total de US$75 mil y Vitali recibió US$20 mil por quedarse con el primer puesto.
El premio también llevó al campeón a comparar sus ingresos como bailarín competitivo con su situación como becario doctoral. Vitali explicó que los US$20 mil obtenidos equivalen aproximadamente a un año de su beca del CONICET y cuestionó las condiciones económicas que atraviesan quienes desarrollan una carrera científica. A pesar del reconocimiento internacional y del dinero obtenido, el argentino mantiene su actividad académica, continúa con su doctorado y trabaja como docente. Todavía no definió qué destino tendrá el premio, aunque analiza utilizar una parte para continuar con su preparación y participación en competencias de Just Dance, una disciplina que comenzó como un juego durante su infancia y terminó llevándolo a convertirse en campeón mundial.







