Los cólicos, las regurgitaciones frecuentes y las dificultades para evacuar son situaciones habituales durante los primeros meses de vida del bebé, formando parte de los procesos de adaptación del sistema digestivo en esta etapa inicial.
Desde el nacimiento y hasta aproximadamente los 6 a 9 meses de vida, e incluso durante el primer año, muchos bebés pueden presentar trastornos digestivos funcionales conocidos actualmente como trastornos del eje intestino-cerebro (TECI), que reflejan la estrecha relación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la regurgitación, los cólicos y el estreñimiento, los cuales no se explican por alteraciones anatómicas, estructurales ni bioquímicas. Estas manifestaciones pueden generar malestar en el bebé y preocupación en sus cuidadores, ya que el organismo aún se encuentra en pleno proceso de maduración.
Durante esta etapa, el desarrollo de la motilidad intestinal, la microbiota, el sistema inmune y la sensibilidad al dolor aún es inmaduro, lo que influye en la aparición de estos cuadros. Además, el impacto no se limita al sistema digestivo, sino que también puede afectar la dinámica familiar, el sueño, el bienestar general y el vínculo entre el bebé y sus cuidadores.
Los especialistas explican que estos trastornos surgen de una interacción compleja entre el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, la microbiota intestinal y el tubo digestivo, donde también influyen factores genéticos, ambientales y psicosociales. Por eso, el abordaje debe centrarse en la contención familiar, la evaluación médica adecuada y la orientación profesional para reducir la ansiedad y mejorar la calidad de vida del bebé y su entorno.







