Especialistas advirtieron sobre el avance de la oftalmopatía tiroidea, una enfermedad asociada a trastornos de la tiroides que puede afectar tanto la visión como la apariencia física de quienes la padecen. La afección provoca inflamación en los tejidos que rodean los ojos y, en los casos más severos, puede generar dolor, visión doble, protrusión ocular e incluso complicaciones visuales permanentes.
Cada 25 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Tiroides, una fecha destinada a generar conciencia sobre las enfermedades vinculadas a esta glándula, que afectan a millones de personas en todo el mundo. En este marco, especialistas alertaron sobre la oftalmopatía tiroidea, también conocida como orbitopatía de Graves, una afección inflamatoria que compromete la órbita ocular y puede impactar tanto en la visión como en la apariencia física de los pacientes. Según datos internacionales, entre el 25% y el 50% de quienes padecen enfermedad de Graves desarrollan algún tipo de compromiso ocular.
Aunque muchos casos se presentan de manera leve, una pequeña proporción puede evolucionar hacia cuadros graves con riesgo de pérdida visual. La enfermedad aparece cuando el sistema inmunológico ataca por error los tejidos que rodean al ojo, generando inflamación, edema y aumento del tamaño de los músculos extraoculares y del tejido adiposo. Esto puede provocar síntomas como ojos saltones, visión doble, molestias o dificultades funcionales que afectan la calidad de vida de quienes la padecen.
Los especialistas también remarcaron que el tabaquismo es uno de los factores que más agravan la enfermedad. Fumar incrementa la inflamación y reduce la efectividad de tratamientos como los corticoides y las terapias biológicas, además de aumentar el riesgo de recaídas. Por ese motivo, abandonar el cigarrillo es considerado una de las medidas más importantes para mejorar el pronóstico y disminuir las complicaciones asociadas a la orbitopatía tiroidea.
Además del impacto físico, la enfermedad puede generar consecuencias emocionales y sociales debido a las alteraciones en la apariencia y las limitaciones visuales. Los expertos sostienen que el tratamiento debe realizarse de manera multidisciplinaria, con controles endocrinológicos y oftalmológicos permanentes. El abordaje incluye el control hormonal, terapias para reducir la inflamación y, en algunos casos, cirugías reconstructivas orientadas a recuperar la funcionalidad y la estética ocular.







