Especialistas en salud remarcan la necesidad de reforzar las medidas de prevención frente al dengue a través de estrategias integrales que combinen el control del mosquito transmisor, la concientización comunitaria y el acceso a la vacunación, considerada una herramienta fundamental para reducir el impacto de futuros brotes y disminuir los casos graves de la enfermedad.
El aumento sostenido de enfermedades emergentes y reemergentes volvió a poner en primer plano la importancia de la inmunización como una herramienta central de la salud pública. En ese contexto, el brote de dengue registrado durante el verano de 2024 dejó en evidencia tanto la magnitud alcanzada por la enfermedad en Argentina como las limitaciones de las estrategias enfocadas únicamente en el control del mosquito transmisor. Según datos oficiales del Ministerio de Salud, durante la temporada 2023-2024 se confirmaron más de 580.000 casos y 419 muertes, en lo que fue el brote más importante desde la reaparición del virus en el país.
La expansión del dengue hacia 19 jurisdicciones mostró además un cambio en el comportamiento epidemiológico de la enfermedad, que ya no se limita a determinadas regiones o épocas del año. Especialistas atribuyen esta situación a factores como el cambio climático, el crecimiento urbano acelerado y la propagación del mosquito Aedes aegypti, que favorecieron la transmisión sostenida del virus. Investigaciones científicas también advierten que el aumento de las temperaturas y las alteraciones en las lluvias están ampliando las áreas de circulación del mosquito, incrementando el riesgo de brotes en zonas donde antes no eran frecuentes.
Frente a este escenario, la vacunación comenzó a consolidarse como una herramienta complementaria dentro de una estrategia integral de prevención. En 2023, Argentina aprobó una vacuna tetravalente contra el dengue destinada a personas mayores de 4 años y aplicada en dos dosis separadas por tres meses. Estudios clínicos demostraron que puede disminuir de manera significativa los casos sintomáticos y las hospitalizaciones, con resultados positivos tanto en personas que habían tenido dengue previamente como en aquellas sin antecedentes de infección. Especialistas remarcan que el éxito de la inmunización depende de que la población complete el esquema en tiempo y forma, además de garantizar un acceso amplio y sostenido.
Los expertos también subrayan que la vacunación no reemplaza otras medidas preventivas, como la eliminación de criaderos o el uso de repelentes, sino que debe combinarse con estrategias de vigilancia epidemiológica y control vectorial. Además del impacto sanitario, distintos estudios internacionales señalan que la inmunización permite reducir costos asociados a la atención médica y las pérdidas económicas derivadas de los brotes. En el caso del dengue, la saturación de los sistemas de salud durante los períodos de mayor transmisión refuerza la necesidad de avanzar con medidas preventivas que permitan anticiparse a futuros escenarios epidemiológicos.







