Se trata de un ritual tradicional que los maquinistas del histórico tren C-14 realizan cada vez que atraviesan el paso andino, ubicado a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, como una señal de respeto y advertencia en uno de los tramos más desafiantes y peligrosos de la Cordillera de los Andes.
Cada vez que el histórico tren argentino C-14 atraviesa uno de los sectores más peligrosos de la Cordillera de los Andes, los maquinistas hacen sonar la bocina como homenaje a una tragedia ferroviaria ocurrida en la Puna salteña. La tradición se mantiene viva desde el accidente registrado en 1996 en la zona de Quebrada del Agua, un tramo aislado y de extrema dificultad donde una formación encabezada por la locomotora GT22 9702 cayó cerca de 100 metros en medio de intensas nevadas y posibles avalanchas.
El siniestro provocó la muerte de tres trabajadores ferroviarios y las tareas de rescate se extendieron durante más de una semana debido a las condiciones climáticas y geográficas de la región. El terreno montañoso, los profundos precipicios y la nieve dificultaron la recuperación total de la locomotora y de varios vagones, cuyos restos todavía permanecen abandonados en plena cordillera y pueden observarse desde las vías. Con el paso del tiempo, los conductores del tren mantuvieron la costumbre de tocar la bocina al pasar por el lugar como una forma de recordar a las víctimas.
El tramo forma parte del histórico ramal C-14, inaugurado en 1948 y considerado uno de los recorridos ferroviarios más complejos del país por atravesar túneles, quebradas, viaductos y pasos de alta montaña. En algunos sectores supera los 4.000 metros sobre el nivel del mar mientras conecta Salta con el paso internacional Socompa, en la frontera con Chile. Actualmente el ramal continúa operativo dentro del sistema Belgrano Cargas y también es utilizado por el reconocido Tren a las Nubes, manteniendo viva una de las tradiciones ferroviarias más simbólicas de la alta montaña argentina.







