Infectólogos advierten sobre el creciente riesgo que la coqueluche representa para los lactantes y subrayan la importancia de la vacunación como herramienta fundamental para brindarles una mayor protección frente a esta enfermedad potencialmente grave.
La coqueluche, también conocida como tos ferina o pertussis, está registrando un aumento de casos en Argentina tras varios años de menor circulación, según datos del Boletín Epidemiológico Nacional correspondientes a las primeras 11 semanas de 2026. Los especialistas advierten que se trata de una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que puede generar cuadros graves, sobre todo en bebés, y destacan que mantener altas coberturas de vacunación es la herramienta principal para prevenirla.
La enfermedad afecta a personas de todas las edades, aunque los lactantes y niños pequeños presentan mayor morbilidad y riesgo de muerte. Su alta transmisibilidad, especialmente en entornos de contacto cercano como hogares y escuelas, hace fundamental la detección temprana y el tratamiento oportuno. En Argentina, la vacuna contra la coqueluche está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación desde los 2 meses de edad hasta los 11 años, incluyendo dosis durante el embarazo para proteger a los recién nacidos más vulnerables.
Durante 2025 se confirmaron 1.206 casos de coqueluche en el país, con 11 fallecimientos, todos menores de 2 años, y la tendencia de incremento continúa en 2026, con 252 casos confirmados en las primeras 11 semanas. La falta de esquemas de vacunación completos entre muchos de los niños afectados ha sido un factor clave, según señalan especialistas como la Dra. Ximena Juárez. Esta situación refleja un descenso generalizado en las coberturas de vacunación, tanto a nivel nacional como regional y mundial, lo que aumenta la población susceptible a contraer la enfermedad.
Frente a este panorama, las autoridades sanitarias y los expertos enfatizan la importancia de fortalecer la vacunación, completar los esquemas pendientes y reforzar las estrategias de prevención. El monitoreo constante, la detección temprana y la notificación rápida de casos son medidas esenciales para controlar la propagación de la bacteria y reducir la morbilidad y mortalidad asociada, especialmente en los grupos más vulnerables.







