En el marco de la Semana Mundial del Glaucoma, especialistas en salud visual destacan la importancia de realizar controles oftalmológicos de manera periódica para detectar la enfermedad de forma temprana. Los profesionales señalan que estos chequeos de rutina permiten identificar signos del glaucoma antes de que avance y provoque daños irreversibles en la visión.
El glaucoma es una enfermedad que afecta al nervio óptico, encargado de transmitir al cerebro las señales que permiten la visión. Se trata de una patología silenciosa que puede provocar ceguera si no se detecta de manera temprana. En Argentina, una gran parte de la población desconoce esta afección y muchos no se han realizado controles básicos, como la medición de la presión ocular, en los últimos años, lo que refuerza la importancia de los chequeos oftalmológicos periódicos, especialmente a partir de los 40 años.
En el marco de la Semana Mundial del Glaucoma, que se desarrolla del 8 al 14 de marzo, especialistas remarcan la necesidad de realizar controles visuales de rutina para identificar la enfermedad a tiempo. A nivel global, se calcula que más de 80 millones de personas viven con glaucoma y cerca de la mitad de ellas no lo sabe, ya que en las primeras etapas suele no presentar síntomas. En el país, más de un millón de personas conviven con esta patología, que afecta a una proporción significativa de la población adulta mayor.
Los especialistas explican que el glaucoma es una enfermedad crónica y progresiva que daña gradualmente el nervio óptico y provoca una pérdida del campo visual. Debido a que generalmente no produce dolor ni señales tempranas, muchas veces el diagnóstico llega cuando el daño ya es irreversible. Por este motivo, recomiendan realizar controles anuales desde los 40 años o incluso antes en casos de personas con factores de riesgo como antecedentes familiares, presión intraocular elevada, miopía, hipermetropía o diabetes.
Los profesionales también destacan que existen tratamientos eficaces que permiten controlar la presión ocular y frenar el avance de la enfermedad si se detecta a tiempo. Estos pueden incluir el uso de gotas oftálmicas, procedimientos con láser o intervenciones quirúrgicas en casos específicos. Además, quienes ya fueron diagnosticados deben mantener controles periódicos y seguimiento médico permanente para preservar la visión y evitar que la enfermedad progrese hacia una pérdida visual severa.







