Con el regreso a clases, niños y adolescentes vuelven a las aulas y retoman sus rutinas escolares, por lo que el control médico adquiere un rol central en esta etapa del año. Realizar chequeos clínicos permite evaluar el estado general de salud, actualizar esquemas de vacunación y prevenir posibles complicaciones que puedan afectar el rendimiento académico y el bienestar integral.
El inicio de un nuevo ciclo lectivo representa una oportunidad para priorizar la salud integral de niños y adolescentes. Contar con controles médicos actualizados, el calendario de vacunación completo y hábitos saludables no solo contribuye a prevenir enfermedades, sino que también influye directamente en el aprendizaje, la concentración y el equilibrio emocional. En este contexto, el apto físico escolar adquiere especial relevancia como herramienta para detectar a tiempo posibles afecciones.
La Dra. Valeria El Haj explicó, que el chequeo anual permite evaluar crecimiento, desarrollo y estado nutricional, además de identificar dificultades visuales o auditivas que podrían impactar en el rendimiento escolar. También es una instancia clave para actualizar antecedentes médicos, reconocer necesidades de acompañamiento y verificar que el esquema de vacunación esté al día. La profesional recordó que las vacunas incluidas en el Calendario Nacional son obligatorias, gratuitas y no requieren orden médica, y subrayó la importancia de completar las dosis especialmente al ingresar a primer grado y en la preadolescencia.
Otros aspectos frecuentes en esta etapa incluyen la prevención de la pediculosis mediante revisiones periódicas y consultas oportunas, así como la promoción de una alimentación equilibrada con desayunos adecuados y viandas saludables que favorezcan la memoria y la atención. También se recomienda controlar el peso de la mochila —que no debería superar el 15% del peso corporal—, utilizar correctamente ambas correas y adoptar medidas de protección frente al sol y los mosquitos. A su vez, limitar el uso recreativo de pantallas, fomentar el descanso nocturno de entre 8 y 10 horas y fortalecer el acompañamiento familiar son pilares para un desarrollo saludable.
En relación con el apto físico escolar, especialistas advierten que no debe considerarse un mero trámite administrativo. La pediatra Mónica Álvarez, del CMC Tucumán, señala que se trata de una evaluación médica integral capaz de detectar alteraciones cardiovasculares, respiratorias, posturales o metabólicas que muchas veces no presentan síntomas visibles. En los primeros años se recomienda un examen clínico completo y, a partir de los 7 u 8 años, pueden sumarse estudios como el electrocardiograma. Durante la adolescencia, debido a los cambios hormonales y al aumento de la exigencia física, los controles deben ser más exhaustivos. Los expertos remarcan que actualizar el certificado cada año es fundamental, ya que el crecimiento implica cambios constantes y un seguimiento adecuado reduce riesgos dentro del ámbito escolar.






