El país evidencia un crecimiento sostenido en la cantidad de casos, con un impacto particularmente marcado en adolescentes y personas jóvenes, lo que genera preocupación en las autoridades sanitarias y refuerza la necesidad de intensificar las estrategias de prevención, detección temprana y acceso al tratamiento oportuno.
La sífilis es una infección bacteriana que, en la mayoría de los casos, se transmite por contacto sexual. Suele manifestarse inicialmente con la aparición de una lesión o llaga indolora en los genitales, el recto o la boca, que muchas veces pasa desapercibida. Aunque no siempre genera molestias, se trata de una enfermedad que requiere diagnóstico y tratamiento oportunos.
La transmisión ocurre por contacto directo con esas lesiones, y también puede pasar de la persona gestante al bebé durante el embarazo, el parto y, en algunos casos, a través de la lactancia. Si no se detecta a tiempo, la infección puede avanzar y provocar distintos síntomas y complicaciones de mayor gravedad.
En Argentina se observa un incremento sostenido de casos, con mayor impacto en adolescentes y jóvenes. De acuerdo con datos oficiales, en 2025 se registraron 55.183 diagnósticos confirmados, la cifra más alta de los últimos cinco años y un aumento significativo respecto del período 2020-2024. La enfermedad puede no presentar señales claras en sus primeras etapas, lo que dificulta su detección temprana.
El diagnóstico se realiza mediante un análisis de sangre y el control periódico resulta clave, especialmente tras relaciones sexuales sin protección y durante el embarazo, cuando se recomiendan estudios en cada trimestre. El tratamiento con antibióticos es sencillo y eficaz si se aplica a tiempo. La prevención continúa siendo fundamental: uso de preservativo, controles regulares y notificación a las parejas sexuales en caso de diagnóstico positivo para evitar nuevas transmisiones.







