Esta problemática no siempre se expresa a través de una tristeza visible o permanente, lo que puede dificultar su detección tanto en el entorno familiar como en el educativo. En muchos casos, la depresión se manifiesta mediante cambios de conducta, irritabilidad, aislamiento o alteraciones en el rendimiento escolar.
La depresión es una enfermedad frecuente y de gran impacto, ya que altera la vida cotidiana y afecta funciones básicas como el descanso, el estudio, el trabajo, la alimentación y el disfrute. Su origen es complejo y responde a la interacción de factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales, por lo que no puede reducirse a una cuestión de voluntad o estado de ánimo pasajero. En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, los especialistas insisten en la importancia de abordarla sin prejuicios y con una mirada integral.
En la adolescencia, este trastorno puede presentarse como un malestar profundo y persistente que va más allá de los cambios habituales de la edad. No siempre se expresa como tristeza visible, sino a través de irritabilidad, aislamiento, bajo rendimiento escolar, alteraciones del sueño o la alimentación y abandono de actividades placenteras. Estudios indican que entre el 3,4 % y el 5 % de los adolescentes puede verse afectado, aunque se estima que la cifra real podría ser mayor, ya que muchos jóvenes no logran identificar lo que les ocurre o evitan pedir ayuda por miedo, vergüenza o falta de comprensión. La detección temprana, el rol de la escuela y el trabajo conjunto con la familia y el sistema de salud resultan claves para una intervención oportuna.
En los adultos mayores, la depresión continúa siendo subdiagnosticada porque suele manifestarse de forma diferente, con síntomas físicos como fatiga, dolor crónico, trastornos del sueño o cambios en el apetito, que muchas veces se atribuyen al envejecimiento. La soledad, el aislamiento social, las pérdidas afectivas y los cambios de rol influyen de manera significativa en la salud emocional durante esta etapa. Sin embargo, los especialistas destacan que la depresión no es parte natural de la vejez y que, con un diagnóstico adecuado y acompañamiento profesional, es posible aliviar los síntomas, mejorar la calidad de vida y fortalecer los vínculos y el sentido vital.







