El indicador alcanza el nivel más elevado de los últimos 14 años y confirma una tendencia de recuperación sostenida en la percepción que la ciudadanía tiene sobre el funcionamiento y la credibilidad del sistema judicial.
La confianza de la sociedad argentina en la Justicia alcanzó los 52,4 puntos en el segundo semestre de 2025 y, por primera vez desde que se retomó la medición, superó el promedio histórico correspondiente al período 2004-2011. Así lo indica el Índice de Confianza en la Justicia elaborado por FORES y la Universidad Torcuato Di Tella, que registra el nivel más alto de los últimos 14 años y confirma una recuperación sostenida en la percepción ciudadana sobre el sistema judicial.
El indicador se ubicó por encima del promedio histórico de 48,7 puntos, lo que implica una mejora de 3,7 puntos respecto de aquella etapa inicial. Desde la reanudación de la serie en 2023, tras más de una década de interrupción, la confianza mostró una evolución positiva constante: en ese año se situaba en 47,5 puntos y, en apenas dos años, acumuló un aumento de 4,9 puntos, equivalente a un crecimiento del 10,3%. Este comportamiento marca un quiebre con la tendencia descendente que había llevado a suspender la medición en 2011.
El estudio atribuye esta mejora a avances en los dos componentes que integran el índice. Por un lado, el subíndice conductual, que mide la predisposición de la ciudadanía a recurrir a la Justicia, alcanzó los 74,1 puntos. Por otro, el subíndice perceptual, asociado a la evaluación del funcionamiento del sistema, llegó a 30,8 puntos. Ambos valores superan los registros del segundo semestre de 2023 y también los promedios del período 2004-2011, lo que refuerza la tendencia de recuperación observada.
No obstante, el informe advierte que persiste una brecha estructural entre el uso efectivo del servicio judicial y la valoración sobre su desempeño. Mientras la disposición a acudir a la Justicia se mantiene alta, la percepción sobre aspectos como eficiencia, imparcialidad y transparencia continúa siendo más baja. Aun así, quienes utilizan el sistema manifiestan una mayor disposición a volver a hacerlo, lo que sugiere que la experiencia directa contribuye a mejorar la evaluación. En ese marco, el índice se consolida como una herramienta clave para comprender la evolución de la confianza institucional y los desafíos pendientes para fortalecerla.







