La expectativa de vida a nivel global continúa en aumento, pero ese avance no se distribuye de manera equitativa entre los distintos grupos sociales, ya que persisten marcadas desigualdades en el acceso a la salud, la prevención y las condiciones de vida, una situación que la Organización Mundial de la Salud advierte como uno de los principales desafíos vinculados a la longevidad.
La posibilidad de vivir más años constituye uno de los avances colectivos más significativos de la humanidad, de acuerdo con el Plan para la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030 de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, el organismo advierte que este logro no se distribuye de manera equitativa, ya que existen marcadas desigualdades en la longevidad según el nivel social y económico de las personas, lo que representa un desafío central para las políticas públicas de salud.
Entre las estrategias para mejorar la calidad de vida a lo largo del envejecimiento, la OMS y el Ministerio de Salud de la Nación destacan el acceso a vacunas esenciales. Estas herramientas preventivas permiten proteger frente a enfermedades infecciosas, cuentan con eficacia y seguridad comprobadas y resultan fundamentales para reducir complicaciones en etapas de mayor vulnerabilidad inmunológica, como la infancia temprana y la adultez mayor.
Especialistas en nueva longevidad subrayan que la vacunación tuvo un impacto decisivo en el aumento de la expectativa y la calidad de vida durante el último siglo. En edades avanzadas, las infecciones respiratorias adquieren especial relevancia, ya que no solo incrementan el riesgo de mortalidad, sino que también pueden dejar secuelas funcionales persistentes, debilitando al organismo y aumentando la fragilidad general luego de superado el cuadro agudo.
En este contexto, promover un envejecimiento saludable implica adoptar un enfoque integral que combine prevención, hábitos saludables y acompañamiento médico. La vacunación se posiciona como uno de los pilares centrales junto con la alimentación equilibrada, la actividad física y los vínculos sociales, en un escenario demográfico donde la población mayor de 60 años continúa creciendo de forma sostenida y obliga a repensar la salud más allá de la mera prolongación de la vida.







