En Argentina, alrededor de un tercio de la población presenta niveles elevados de lipoproteína(a), también conocida como Lp(a), un factor que incrementa el riesgo cardiovascular. Debido a su alta prevalencia y a que suele pasar desapercibida, los especialistas recomiendan realizar al menos una medición en algún momento de la vida.
La lipoproteína(a), conocida como Lp(a), es una partícula altamente aterogénica que puede encontrarse en valores elevados en personas que heredan variantes genéticas específicas. Numerosos estudios han demostrado que su presencia elevada tiene un efecto causal directo y sostenido en distintas enfermedades cardiovasculares y valvulares, especialmente en la enfermedad coronaria, la estenosis aórtica y la enfermedad vascular periférica, además de impactar en la mortalidad asociada a estas patologías. En otras palabras, tener Lp(a) alta constituye un factor de riesgo significativo, independiente y difícilmente modificable.
Una investigación realizada en Argentina reveló que cerca de un tercio de los adultos analizados presenta niveles elevados de esta lipoproteína, lo que se relacionó con un aumento del 53% en la probabilidad de sufrir infarto, accidente cerebrovascular y otros eventos cardiovasculares mayores. Estos hallazgos impulsan a los especialistas a recomendar su medición al menos una vez en la vida y a remarcar que ya existen terapias específicas en etapas avanzadas de desarrollo. El estudio, publicado en la revista Atherosclerosis y coordinado por el Grupo Argentino Estudio Lp(a), analizó alrededor de 3.000 personas de distintas regiones del país, recopilando múltiples variables clínicas, de laboratorio, de imágenes y tratamientos.
Los autores de la investigación subrayaron que la Lp(a) actúa como un determinante del riesgo cardiovascular residual, ya que incrementa el riesgo aun cuando los factores tradicionales —como colesterol LDL, hipertensión, tabaquismo, diabetes u obesidad— están controlados. Por este motivo, desde la Federación Argentina de Cardiología explican que medirla permite comprender mejor por qué algunos pacientes desarrollan enfermedad cardiovascular sin presentar factores de riesgo convencionales, identificar a quienes podrían beneficiarse de un abordaje más intensivo de los riesgos modificables y reconocer individuos con predisposición genética marcada, comparable a la hipercolesterolemia familiar. Además, la detección permite implementar estrategias preventivas en familias con riesgo hereditario y constituye una herramienta accesible para estratificar riesgo sin recurrir a estudios costosos o invasivos.
Los especialistas destacan también que la medición de Lp(a) es clave para impulsar nuevas líneas de investigación y comprender su comportamiento en distintas poblaciones, ya que la mayoría de los estudios actuales se basan en muestras mayoritariamente blancas. Ampliar las mediciones a diversos grupos étnicos y perfiles clínicos permitiría mejorar el conocimiento global sobre esta lipoproteína. Finalmente, remarcan que se están desarrollando terapias específicas para reducir la Lp(a), actualmente en fase de ensayos clínicos de gran escala, cuyos primeros resultados se esperan para 2025, lo que podría abrir nuevas oportunidades de prevención para quienes presentan este factor de riesgo genético elevado.







