Los viajeros se enfrentan a una amplia gama de riesgos sanitarios al desplazarse a lugares que no conocen, donde las condiciones ambientales, los hábitos locales y la presencia de enfermedades poco frecuentes en su país de origen pueden aumentar la vulnerabilidad y requerir mayores precauciones para preservar su bienestar.
El incremento sostenido del turismo mundial vuelve imprescindible incorporar la dimensión sanitaria a la planificación de cada viaje, más allá del destino o el alojamiento. Con la llegada del verano, el receso escolar y las celebraciones de fin de año, aumenta considerablemente la movilidad por vacaciones y descanso. En 2024 se registraron alrededor de 1.400 millones de desplazamientos turísticos a nivel global, una cifra que casi alcanza los niveles previos a la pandemia y que continúa en ascenso en 2025. Este movimiento masivo favorece también la circulación de enfermedades entre regiones, incluso hacia áreas que antes no las registraban.
Viajar suele asociarse con disfrute, aventuras y aprendizajes, pero requiere responsabilidad en términos de prevención sanitaria. La consulta médica previa es fundamental para evitar complicaciones durante el viaje y reducir riesgos tanto para el viajero como para las comunidades visitadas, según explicó la infectóloga Hebe Vázquez. Las estadísticas muestran que, sobre 100.000 turistas que viajan a zonas tropicales, una proporción significativa experimenta problemas de salud, desde cuadros leves hasta hospitalizaciones, evacuaciones médicas e incluso fallecimientos. Además, los viajes dentro del propio país pueden implicar riesgos similares, especialmente hacia áreas rurales o con condiciones sanitarias distintas, donde pueden requerirse vacunas específicas, medidas contra insectos o preparación ante variaciones de clima y altitud.
La medicina del viajero recomienda realizar una evaluación sanitaria entre cuatro y seis semanas antes de partir, analizando factores como destino, tipo de actividad, alojamiento, época del año y condiciones personales. Las vacunas se clasifican en rutinarias, requeridas y recomendadas según el lugar a visitar. La fiebre amarilla es la única inmunización obligatoria a nivel internacional y continúa siendo un riesgo en América Latina, con brotes recientes fuera de la zona amazónica. En Argentina, la vacuna es gratuita en provincias con riesgo de transmisión y debe aplicarse en centros autorizados que emiten el Certificado Internacional correspondiente. A esta inmunización pueden sumarse otras como hepatitis A y B, meningococo, fiebre tifoidea, influenza, COVID-19, sarampión, entre otras, dependiendo del itinerario previsto.
Además de las vacunas, se enfatizan medidas generales de cuidado como el uso de repelentes y mosquiteros, la protección solar, la seguridad alimentaria e hídrica para prevenir diarreas, y las prácticas sexuales seguras. También se recomienda contar con un seguro médico internacional que cubra emergencias. Sea cual sea el motivo del viaje, resulta esencial adoptar estas precauciones para minimizar riesgos y mantener la salud durante todo el trayecto.







