Se estima que 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes sufren algún tipo de violencia con una frecuencia alarmante, ya sea de manera diaria o al menos una vez por semana. Este panorama revela un problema estructural que atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana, como el hogar, la escuela y los espacios comunitarios, poniendo en evidencia la persistencia de prácticas dañinas que afectan el bienestar y el desarrollo integral de la infancia.
Un informe del Observatorio del Desarrollo Humano y Vulnerabilidad de la Universidad Austral reveló datos preocupantes sobre el impacto que tiene el aumento del maltrato y la violencia infantil en la aparición de ideas suicidas en adolescentes. La investigación detalla que la mayoría de estas agresiones proviene del entorno familiar y muestra cómo las experiencias traumáticas tempranas pueden dejar secuelas emocionales profundas que se manifiestan años después.
En el marco del Día Mundial de la Infancia, el trabajo elaborado por Lorena Bolzon, María Sol González y Victoria Bein destacó que el maltrato parental temprano incrementa de manera considerable el riesgo de suicidio en jóvenes, según señaló la Agencia Noticias Argentinas. El estudio indica que, en los últimos cinco años, el grupo más afectado por situaciones de violencia fue el de niños de 6 a 10 años y que casi nueve de cada diez casos involucran a un agresor con vínculo familiar. A su vez, alrededor de seis de cada diez chicos sufren agresiones con frecuencia diaria o semanal, y las niñas y adolescentes mujeres resultan las más perjudicadas en casi todos los rangos etarios.
El informe también advierte que la disminución de denuncias entre los 11 y 17 años podría deberse a la falta de adultos que intervengan para formalizar las presentaciones. En 2024, más del 90% de las denuncias realizadas por terceros correspondieron a hechos que afectaron a niños, niñas y adolescentes. La evidencia reunida demuestra que situaciones de abuso físico, emocional, sexual o de negligencia incrementan de forma significativa el riesgo de ideación y conductas suicidas en etapas posteriores. La persistencia de castigos físicos y agresiones verbales subraya la necesidad de políticas públicas que promuevan métodos de crianza respetuosos y alternativas libres de violencia.
El estudio señala, además, que Argentina aún no cuenta con un marco legal específico sobre maltrato infantil, lo que evidencia una deuda pendiente. El aumento constante de los episodios de violencia, donde los agresores suelen ser los propios padres, exige respuestas urgentes. Desde la perspectiva de la Convención sobre los Derechos del Niño, garantizar acceso a vivienda adecuada, educación, salud y entornos seguros es una obligación del Estado, no solo un objetivo social. En materia habitacional, una proporción importante de niños vive en condiciones de hacinamiento o precariedad, lo que afecta su desarrollo. En educación, si bien la asistencia escolar es alta, persisten desigualdades en los primeros años y riesgos de abandono en la adolescencia. A esto se suma la posibilidad de que la desregulación de las cuotas privadas genere un traspaso hacia la escuela pública, que enfrenta dificultades de rendimiento y capacidad.
En el campo de la salud, más del 40% de la población infantil depende exclusivamente del sistema público, lo que refuerza la necesidad de mejorar la calidad y equidad de la atención. El trabajo también recuerda que el 20 de noviembre se conmemora la Declaración Universal de los Derechos del Niño y la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado más ratificado del mundo, que reconoce derechos esenciales como la vida, la salud, la educación, el juego y la protección frente a la violencia. En este contexto, el informe remarca que casi la mitad de los niños de 0 a 14 años del país se encuentran en situación de pobreza, según datos del INDEC para el segundo semestre de 2025, lo que agrava aún más este panorama.







