Una encuesta realizada por Zuban Córdoba en conjunto con la Universidad Nacional de Villa María revela la presencia de una “juventud apática”, marcada por la desconfianza hacia los políticos, los partidos y también hacia el movimiento feminista. Aun así, el estudio muestra que este sector juvenil continúa demandando con fuerza la presencia del Estado.
Un relevamiento realizado entre jóvenes de 16 a 30 años muestra un escenario marcado por el desinterés y la contradicción: aunque más de la mitad declara tener alguna conexión con la política, la gran mayoría asegura que esta les provoca sensaciones negativas. El estudio, elaborado por Zuban Córdoba y la Universidad Nacional de Villa María, sostiene que la relación juvenil con la vida pública está atravesada por el enojo y la confrontación, en buena medida por la percepción de un Estado que no estuvo presente en los últimos años.
El informe destaca una fuerte desconfianza hacia casi todas las instituciones, desde los partidos y los sindicatos hasta el Congreso y los medios. Llama la atención que incluso colectivos antes valorados, como los feministas o los LGBT+, hayan perdido legitimidad entre los jóvenes. Aun así, esta caída en la confianza no se traduce necesariamente en posiciones conservadoras, ya que buena parte de este segmento sigue respaldando la intervención estatal en áreas clave: apoyan que el Estado garantice la salud y la educación públicas, proteja a los más vulnerables, regule sectores sensibles como los alquileres y cobre mayores impuestos a los sectores de más ingresos, aunque también sostienen posturas de mano dura en materia de seguridad y migración.
En relación con la actualidad política, los jóvenes muestran opiniones divididas sobre el rumbo del país bajo la gestión de Javier Milei, al tiempo que expresan percepciones dispares sobre su situación económica personal. Cuando se les pregunta qué espacio siente que representa mejor sus intereses, la respuesta más común es que ninguno lo hace, seguida por La Libertad Avanza y luego por el kirchnerismo. Para los autores del estudio, esta falta de identificación muestra que no existe un liderazgo dominante entre las juventudes, sino una disputa abierta por un lugar de representación que aún no fue ocupado.







