El sistema educativo argentino atraviesa una etapa crítica en su intento por recuperar los niveles de aprendizaje y asistencia previos a la pandemia. A pesar de los esfuerzos oficiales y provinciales, los resultados recientes en pruebas nacionales e internacionales evidencian un deterioro sostenido en comprensión lectora, matemáticas y ciencias. La brecha entre los alumnos de distintos niveles socioeconómicos sigue ampliándose, lo que plantea un desafío urgente para el futuro del país.
De acuerdo con el último informe de la UNESCO sobre educación en América Latina, más del 45% de los estudiantes argentinos de secundaria no alcanza los niveles mínimos de competencia en matemáticas, y el 38% presenta dificultades serias en comprensión lectora. Los datos del Operativo Aprender 2024, por su parte, confirmaron una mejora leve respecto del año anterior, pero aún por debajo de los niveles registrados en 2018.
La falta de presencialidad durante la pandemia dejó secuelas profundas, especialmente en las provincias del norte y en los sectores más vulnerables. Muchos alumnos abandonaron la escuela o asisten de forma irregular, lo que dificulta la continuidad pedagógica. Según estimaciones del Ministerio de Educación, más de 250.000 jóvenes de entre 13 y 17 años están actualmente fuera del sistema escolar.
A este panorama se suma el deterioro de la infraestructura educativa. Escuelas con deficiencias edilicias, problemas de calefacción o conectividad deficiente son parte de la realidad cotidiana en gran parte del país. La inversión pública en educación, que representa cerca del 5% del PBI, se destina en su mayoría a salarios, dejando escaso margen para mejoras estructurales o innovación pedagógica.
En respuesta, el Gobierno nacional y las provincias impulsan programas de refuerzo escolar y capacitación docente. Iniciativas como “Volvé a la Escuela” y los planes de terminalidad educativa buscan reincorporar a los estudiantes que abandonaron sus estudios. También se promueve la formación en habilidades digitales y el fortalecimiento de la educación técnica, considerada clave para el desarrollo productivo.
El avance de la tecnología plantea nuevas oportunidades, pero también profundiza desigualdades. En los sectores urbanos de mayores ingresos, el acceso a dispositivos y conectividad permitió sostener aprendizajes durante la pandemia; en cambio, en zonas rurales y barrios populares, la brecha digital dejó a miles de chicos desconectados. Los expertos advierten que sin una estrategia integral de inclusión digital, esa brecha se trasladará al mercado laboral del futuro.
La educación argentina enfrenta así un doble desafío: recuperar los aprendizajes perdidos y adaptarse a un mundo en transformación. Garantizar la igualdad de oportunidades y fortalecer la calidad educativa será clave para el desarrollo del país en las próximas décadas. El conocimiento, más que nunca, se consolida como el principal motor de progreso social y económico.






