El ingeniero Carlos Paoli analizó los efectos de la tormenta del martes y advirtió sobre la necesidad de reforzar la infraestructura y la conciencia ciudadana ante lluvias cada vez más intensas.
La tormenta que azotó Santa Fe el pasado martes dejó más de 90 milímetros de lluvia acumulada en pocas horas y zonas del norte de la ciudad anegadas. Aunque se evitaron consecuencias mayores, el episodio volvió a exponer las debilidades del sistema urbano frente a eventos climáticos extremos.
El ingeniero Carlos Paoli advirtió que fenómenos de este tipo seguirán ocurriendo y que es fundamental mejorar tanto la infraestructura como la preparación ciudadana. Señaló que las condiciones actuales no descartan lluvias intensas: “Eso no nos exime de tormentas intensas y puntuales como la que ocurrió el martes”.
Según explicó, las amenazas hídricas que enfrenta Santa Fe son tres: lluvias locales, crecidas del Salado y crecidas del Paraná. La ciudad cuenta con un anillo de defensa consolidado hasta el kilómetro 8, pero más allá de ese punto –especialmente al este de la Ruta 1– no hay protección formal. “Había un proyecto que no se materializó. Las condiciones de las defensas son muy variables y eso genera preocupación”, lamentó.
Las lluvias intensas representan el mayor desafío inmediato. “Los desagües pluviales están dimensionados para lluvias normales. Cuando caen precipitaciones extraordinarias, como las del martes, sí o sí hay acumulación en superficie”, explicó Paoli.
A esto se suma un problema recurrente: la acumulación de basura. “Es increíble la cantidad de basura que se acumula. Eso dificulta el escurrimiento y genera más problemas”, afirmó.
El sistema de drenaje de la ciudad depende del nivel del río Salado: si está bajo, el agua escurre por gravedad; si está alto, se requiere el funcionamiento adecuado de estaciones de bombeo. “Pero si llueve fuerte en esta palangana que es Santa Fe, el agua tiene que salir, y eso requiere un sistema en condiciones óptimas”, advirtió.
Finalmente, Paoli enfatizó que no se pueden evitar lluvias extremas, pero sí minimizar sus consecuencias: “Lo que sí podemos hacer es prepararnos mejor. Saber qué zonas son más vulnerables y alertar a la población”. Y concluyó: “Hay que pensar en términos de resiliencia. Porque si bien ahora el clima ha sido relativamente benévolo, no estamos al margen de eventos catastróficos”.







